De entre alguna de la gente que ha impulsado la iniciativa Otra Paz es posible surge este texto que nos ha parecido relevante publicar en el día de hoy:
Ante la contienda electoral, nos dirigimos a la sociedad y a las articulaciones de cambio, para llamar a la activación de nuestra responsabilidad compartida en hacer posible otra paz alternativa a la que el sistema promete. Una paz con vasos comunicantes entre las distintas luchas que hoy nos hablan de cambio.
La llamada electoral coincide con un nuevo ciclo de protesta en el que convergen múltiples luchas, aspiraciones de justicia y apuestas de conquista de derechos tradicionalmente denegados en beneficio de un statu quo que defiende a las clases poderosas y parásitas. La apuesta por una paz que impugne el orden de preparación y reproducción de la guerra, el rearme y militarización al servicio de intereses de un capitalismo depredador y violento, también quiere contribuir al urgente cambio global en favor de la vida, los cuidados y derechos y la seguridad humana y ecosocial.
…contribuir al urgente cambio global en favor de la vida, los cuidados y derechos y la seguridad humana y ecosocial.
Denunciamos la incongruente apuesta por la paz armada que se nos ha ofrecido como horizonte político hasta ahora, aprobando desde el gobierno un gasto militar creciente, timoratas sanciones a Israel, o políticas de militarización y rearme. Es necesario decirlo: las propuestas de paz apuntadas en anteriores contiendas desde las izquierdas han sido residuales, voluntaristas y decorativas. Aunque proclaman un rechazo legítimo a la guerra y se han prometen banderas clásicas del pacifista del pasado (no a la OTAN y a las bases americanas, desarme, mediación en conflictos y cooperación al desarrollo), no se han apartado ni la lógica de la guerra, ni del modelo de defensa militar que afirman el paradigma militarista, la política de injerencia militar y bloques o el armamentismo, presentado como garantía de seguridad.
No basta con invocar la paz mientras se mantienen intactas las estructuras que organizan la preparación para la guerra. Ni con pedir moderación en el gasto militar si se acepta su lógica como inevitable; ni defender la diplomacia mientras se participa en alianzas que subordinan la política a la disuasión armada. Tampoco con proponer medidas efectistas, sin un horizonte común de paz estructural, ni un proceso que las haga posibles. La paz no debe ser un apéndice testimonial en los programas electorales, sino una apuesta creíble de acompañamiento a la construcción de una alternativa política, social e institucional.

Una propuesta de paz creíble
¿No hay alternativa o no hay ambición para pensarla y desarrollarla? Una propuesta de paz creíble debe afirmar ciertos contenidos mínimos:
1 – Debe impugnar el orden de guerra y defensa vigentes y acompañar la apuesta insumisa y la dinámica social de desmontaje de los ejércitos y del militarismo.
2.- Debe revertir el rearme, impulsar políticas de desmilitarización y abrir un ciclo de transarme profundo que garantice la transferencia progresiva de recursos, capacidades y legitimidad desde el militarismo hacia formas de seguridad humana y ecológica, cooperación y defensa popular noviolenta. No hablamos renunciar a la protección de la población, sino de preguntarnos qué amenazas la ponen realmente en riesgo y qué respuestas las previenen, porque si queremos paz, debemos construir estructuras de paz, no seguir gestionando la preparación de la guerra.
3.- Debe promover la desmilitarización de las estructuras de defensa, las instituciones, la economía, la acción internacional, la cultura, la convivencia y nuestro vínculo con la naturaleza, impulsando la justicia ecosocial, la paz estructural, el empoderamiento social en la defensa de los bienes comunes y el ejercicio de prácticas coherentes para ello.
4.- Debe acoger un proceso de transarme, que deberá basarse, al menos, en estos ejes:
- Resistirse a la guerra: Debe desvincularse de su preparación y desmantelar las alianzas militares que perpetúan la lógica de militarista y la amenaza armada, dejar de enviar tropas a conflictos, repatriar a las que ya están en 18 de ellos e impulsar la resistencia social a la guerra y a las articulaciones que la desarrollan.
- Desactivar la economía de guerra: prohibir la investigación militar y el comercio de armas, revertir el rearme y el gasto militar hasta su eliminación, desmantelar o convertir la industria militar en producción socialmente útil y desinvertir en militarismo.
- Liderar una arquitectura internacional de paz, con protagonismo de los pueblos, los movimientos sociales y las organizaciones civiles, y con instrumentos de mediación, cooperación, apoyo a las redes de lucha conta la guerra y abordaje noviolento de conflictos.
- Sustituir la seguridad militar por la seguridad humana y ecológica, desmantelando las estructuras militares y construyendo políticas públicas que protejan las vidas, los derechos, los bienes comunes y los ecosistemas frente a la violencia estructural y las lógicas depredadoras y de dominación capitalista.
- Redimensionar, desmilitarizar, desmantelar o reconvertir los ejércitos y las estructuras de defensa, de control social y securitarias, transfiriendo sucesivamente sus recursos y capacidades a fines socialmente útiles y a políticas que prevengan las causas de la inseguridad ecosocial del planeta.
- Democratizar la defensa, trasladando competencias y recursos a la sociedad y sus articulaciones de cambio, para su ejercicio horizontal, transparente y sometido a control democrático de la agencia de la paz y de la defensa.
- Desmilitarizar la sociedad, la educación y la cultura, cuestionando la normalización de la violencia y promoviendo una educación para la paz, la cooperación, modos alternativos de vida y la resolución creativa de los conflictos.
- Involucrar activamente a la sociedad en un modelo alternativo de defensa social (DPNV), mediante capacidades colectivas de resistencia civil, organización comunitaria, ayuda mutua, y facilitando nuevas prácticas colaborativas y de tutela y conquista de derechos.
- Establecer salvaguardas legales e institucionales que impidan la vuelta al rearme y hagan irreversible, democrático y socialmente verificable un proceso dinámico de transarme encaminado a la superación del militarismo.
- Construir una estructura estable de defensa social (DPNV) con formación coordinación y participación ciudadana, capaz de proteger a la sociedad, sus derechos y conquistas sociales sin reproducir la lógica militar.
No es una lista de buenas intenciones ni un horizonte abstracto: exige medidas, calendario, presupuesto y rendición de cuentas. Debe detallar qué compromisos militares se revisarán, cómo reducir la dependencia de la economía de guerra, qué recursos irán a proteger la vida y cómo participará la sociedad en el control de la seguridad y defensa.
Lanzamos una pregunta a las articulaciones electorales de izquierda: ¿qué papel daréis a la lucha por la paz? ¿Vais a limitaros a proponer la administración del orden vigente o estáis dispuestas a acompañar una transición creíble hacia otro modelo de seguridad?
Otra paz es posible porque ya existe en las luchas cotidianas de una sociedad que despierta, pero exige voluntad y compromiso para romper con las complicidades con la paz armada y la supuesta inevitabilidad del militarismo.
Llamamos a la ciudadanía y a los movimientos a construir la paz desde abajo, coordinando activismos en un frente amplio de resistencia al militarismo mediante la defensa social alternativa y la legítima desobediencia.
Imagen destacada de esta entrada: Cartel en la acampada de Sol por el derecho a la vivienda en el que se puede leer «¿Qué tiempos son los que vivimos que hay que defender lo obvio?»
